Volumen 16, Número 340, julio 16 de 2016
 

7. La pre huelga de 1976

Ese 20 de marzo las fuerzas se pusieron en tensión. Para la TD significó entrar en período de prehuelga y se hicieron los preparativos del caso. En términos legales nos constituimos en coalición temporal y con nuestras firmas se preparó el emplazamiento a huelga por violaciones al CCT. Esas violaciones eran reales y estaban probadas, el derecho de coalición también es un derecho vigente. No éramos titulares del CCT, pero éste otorgaba a las secciones el derecho de administrar el CCT y no ocurría así. No éramos el sindicato pero estos son coaliciones permanentes de trabajadores, de manera que la coalición temporal es válida. En cuanto al derecho de huelga, la ley indica que se trata de un derecho de los trabajadores, no de los sindicatos. Formalmente, las demandas del emplazamiento fueron laborales, sindicales e industriales.

El problema estaba en que el conflicto no era estrictamente laboral, industrial o sindical sino político. Desde el punto de vista legal había limitaciones y, desde el punto de vista político, se configuraba el enfrentamiento con el Estado.

Para fortalecernos se promovió la solidaridad expresada en la organización de la TD y aliados en el Frente Nacional de Acción Popular (FNAP). La reunión constitutiva se hizo en el auditorio Che Guevara de la UNAM. Asistieron los delegados de todas las secciones de la TD, el SPAUNAM, el STEUNAM, el Comité de Defensa Popular de Chihuahua, la Alianza Nacional de Cañeros, el sindicato de Nemoglás, el sindicato de la fábrica de loza "El ánfora", una comisión del SME y una de los estudiantes de las prepas populares Tacuba y Fresno.

También asistieron estudiantes de varias Facultades de la UNAM y pequeños grupos políticos, todos hostiles a la TD "porque Galván es del PRI" y porque los electricistas "eran nacionalistas" y ellos estaban en contra de las nacionalizaciones. Omitían que la TD éramos miles de trabajadores en el país y que también habíamos socialistas. De esos grupos solo obtuvimos rechiflas y "apoyo crítico" en el mejor de los casos. No dejaban discutir hasta que Juan Morales de Chihuahua los puso en su sitio.

El FNAP aprobó su propio programa, esencialmente, la Declaración de Guadalajara, así como una estructura basada en los Frentes Locales de Acción y Solidaridad (FLAS).

El FNAP se volvió a reunir en Lechería, estado de México. Los smeítas que nos apoyaban consiguieron el auditorio. Hasta allí llegaban sus posibilidades. Una vez anunciada la huelga eléctrica se pidió a los aliados intensificar las acciones.

El 1o de mayo de 1976 fuimos impedidos por los charros para marchar en el Zócalo de la ciudad de México. Nos fuimos entonces a Puebla. La marcha fue altamente combativa, en especial, al pasar frente al estrado presidido por el gobernador del estado y líderes charros.

Por parte de la TD la movilización alcanzó altos niveles. Nuestras brigadas repartían millones de volantes en todos los lugares públicos. Llegamos a contar 1 mil volantes por hora por brigada. Pero la fuerza de nuestros aliados era poca y eran contados. Aparte de los mencionados, estaban los petroleros del MILC, los ferrocarrileros de "El rielero" en Pantaco y Aguascalientes, el Frente Auténtico del Trabajo (FAT) y el grupo de líneas aéreas del SME, encabezado por Carmen Vega. Ningún sindicato nacional de industria nos apoyó. Si la fuerza del FNAP era poca, la de los FLAS escasa, solo funcionaron en el DF, Puebla y Guadalajara. También nos apoyó un grupo de trabajadores de la cultura, entre ellos, René Villanueva, director de Los Folkloristas. Para el nivel de enfrentamiento que se avecinaba las fuerzas aliadas de la TD eran muy débiles.

Nos apoyaban algunos periodistas. Pero así como la TD se movía, lo mismo hacía el gobierno. En una sucia maniobra nos cortó la presencia en la prensa nacional. El gobierno inventó una patraña en el diario Excélsior e hizo que los cooperativistas depusieran a su director Julio Scherer. Con él salieron varias plumas importantes, entre ellos, Oscar González, Carlos Monsiváis, Natalio Vázquez Pallares, Francisco Martínez de la Vega, exgobernador de SLP, quienes en Excélsior escribieron diversos artículos favorables a la TD.

El golpe a Scherer fue, desde luego, un serio golpe del gobierno al periodismo. Más lo fue para nosotros porque, casi nadie nos publicaba. "Prensa vendida di la verdad" reclamábamos en las calles. Sin Excélsior nos quedamos sin una importante voz.

Las provocaciones estaban presentes. coincidiendo con las acciones de secuestros de la Liga 23 de Septiembre, con la cual el gobierno ligaba a cualquier protesta social.

Al interior del movimiento las provocaciones de la CFE arreciaron. En Chilpancingo se llegó a negarles el servicio médico del IMSS a los electricistas. Algunos murieron por indebida falta de atención. El requisito era que reconocieran a Rodríguez Alcaine, hecho al que se negaron los compañeros. En varias secciones hubo despidos masivos.

Por esos días hubo una asamblea de los nucleares en el Centro Nuclear de Salazar. Se acordaron dos cuestiones a propuesta de Whaley y Gershenson, quien teorizaba todas las ocurrencias del primero, una, sacar las fuentes radiativas y sembrarlas en varias partes, poniéndoles letreros y símbolos de peligro. Esto era para que, si llegaban los charros, estos se asustaran y se fueran. Esa apreciación era infantil La otra propuesta fue publicar los acuerdos de la asamblea en los tableros. Así se hizo. Una copia del acta cayó en manos del SUTERM y el gobierno llamó a los nucleares.

Lo que se había propuesto era incorrecto. Whaley, entonces, propuso al gobierno que se enviara al ejército "para protegernos". Fue la peor torpeza. De inmediato acudió al Centro Nuclear de Salazar un pelotón de soldados que instaló un campamento con la intención de quedarse mucho tiempo. Llevaron equipos de comunicaciones electrónicos y ocuparon las instalaciones. El clima era de hostilidad total. Los soldados no solo vigilaban los edificios, el campo o el bosque, sino a los trabajadores. Estaban en todos los pasillos. En los laboratorios los separaba una pared de vidrio, de un lado los trabajadores, del otro los soldados. Lo mismo ocurría en los cubículos de los investigadores. Los teléfonos fueron intervenidos. Era un verdadero estado de sitio no declarado.

La evolución del movimiento se evaluaba en las reuniones del consejo nacional de la TD. Dada la situación se pedía ponerle fecha al estallamiento de la huelga. Por fin, se decidió que fuera el 30 de junio, a las 12 horas.

Eran solo unos días antes de las elecciones presidenciales. Galván cambió de opinión y "metió freno", como decíamos. Ya lo había hecho con anterioridad, modificando la fecha. Galván valoraba la marcha de los acontecimientos. Sabía bien lo que hacía y aprovechaba las fases de la prehuelga. Primero, es la amenaza de la amenaza que ocurre cuando se anuncia la huelga, luego la amenaza propiamente cuando se pone fecha y emplaza, después, la huelga propiamente.

Las posposiciones desconcertaban a las bases, no gustaban, pero los acuerdos de la dirección política se acataban con mucha disciplina. Galván conocía bien al aparato y era criticado por eso, por mirar mucho al aparato más que a las bases. La crítica era exagerada. Galván si veía al aparato, es más se movía dentro del mismo, pero también valoraba correctamente el nivel político de las fuerzas. En la última ocasión, una huelga eléctrica antes de las elecciones presidenciales hubiera sido una provocación.

En apoyo a la TD el SPAUNAM y STEUNAM llamaron a un mitin en el auditorio Che Guevara y otro frente a la rectoría de la UNAM, donde se hizo una gran concentración.
Carteles anunciando la huelga electricista de 1976.
FOTO: Tígre /TD SUTERM






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