Volumen 10, Número 160, mayo 1 de 2010
 




Boletín del FRENTE DE TRABAJADORES DE LA ENERGIA de MEXICO
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Volumen 6, Número 75, mayo 26 de 2006


Manifiesto del FTE en el centenario de la Huelga de Cananea
Ciudad de México, 1 de junio de 2006



Desarrollar el Proyecto obrero de México


Ejemplos de lucha proletaria

La sangre de los huelguistas cayó ayer pero su ejemplo se levanta nuevamente. La huelga de los mineros de Cananea, en 1906, y las innumerables huelgas de la época, fueron preludio de la Revolución Mexicana, la inspirada por Ricardo Flores Magón, y encabezada por “Pancho Villa” y Emiliano Zapata. En plena Revolución surgieron organizaciones obreras, algunas siguieron el camino del corporativismo, otras se distinguieron por su carácter clasista. Este fue el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que estalló la huelga en 1916 en abierto desafío a Carranza, ala derecha de la Revolución.

A los electricistas siguieron los ferrocarrileros, mineros, maestros y petroleros. En 1936, el SME volvió a realizar una huelga “con las armas en la mano”, los sindicatos industriales potenciaron la organización obrera y, en 1938, con el auge de la movilización de masas los trabajadores en lucha hicieron posible la expropiación de la industria petrolera.

Se inició, al mismo tiempo, la desnaturalización total del sindicalismo mexicano al ser usurpado por el charrismo sindical. Esa estrategia imperialista se ha prolongado hasta el día de hoy. Los trabajadores mexicanos, en su gran mayoría, están secuestrados en sus propias organizaciones-cárceles.

La lucha obrera, sin embargo, jamás se ha detenido. En 1950, los mineros de Nueva Rosita, Palau y Cloete encabezaron una importante lucha. Los ferrocarrileros en lucha por la democracia sindical realizaron importantes huelgas en 1958-59. El enfrentamiento con el Estado implicó una fuerte represión del gobierno en turno contra los huelguistas. Lo mismo sucedió contra médicos y maestros y, en 1968, contra el movimiento estudiantil-popular masacrado en la noche de Tlatelolco.

Desde los años 40s, los electricistas de la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria y Comunicaciones Eléctricas llevaron adelante una intensa movilización nacional. En los años 50, junto con el SME integraron a la Confederación de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana y, en amplia movilización, hicieron posible la nacionalización eléctrica.

En los años 70s, el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM) luego Tendencia Democrática del SUTERM llevamos adelante las más importantes jornadas de lucha democrática haciendo aportaciones programáticas relevantes para el movimiento obrero. La Tendencia fue reprimida, militar y políticamente, por el Estado y gobierno en turno, en 1976, interrumpiendo la cabal nacionalización eléctrica.

Hoy, el SME encabeza una decidida lucha contra la reforma constitucional en materia eléctrica. Los trabajadores de la energía, somos parte del pueblo de México en lucha contra las privatizaciones en las industrias petrolera y eléctrica, la seguridad social, educación y cultura.

El FTE de México mantiene en alto las banderas de lucha de la Tendencia Democrática y hemos desarrollado el Programa Obrero, así como diversas propuestas de Política Energética Independiente, planteando la necesidad de la Re-Nacionalización. Al mismo tiempo, proponemos la lucha a fondo contra el charrismo sindical y la necesaria reorganización democrática del movimiento obrero de México.

Al presente, la mayoría de trabajadores mexicanos no están organizados en nada. De los sectores organizados, la mayoría están sometidos al charrismo sindical. Sin embargo, en el interior del movimiento existen trabajadores dispuestos a luchar. Esta disposición se manifiesta incluso fuera de nuestras fronteras, con los trabajadores inmigrantes en Estados Unidos que son parte de nuestro movimiento. Ahora es, entonces, momento oportuno de reanudar las jornadas de lucha para hacer realidad el proyecto obrero.

En el centenario de la Huelga de Cananea, el FTE de México llama a los trabajadores mexicanos a desarrollar

Otro Comenzar de Nuevo

Este Comenzar de Nuevo se expresa en el proyecto obrero, la alternativa proletaria en el contexto de la lucha de clases, a nivel nacional e internacional, con base en la experiencia previa, conocimientos e ideas desarrolladas por los trabajadores.

Los objetivos que proponemos son los mismos de la clase obrera del mundo, aprobados por el primer congreso de la Primera Asociación Internacional de los Trabajadores, presidida por Marx y Engels, expresados en las condiciones del mundo de hoy:
1- Formular, desarrollar y concretar el Programa Obrero.
2- Construir la organización obrera, política y social, a todos los niveles y en todos los lugares.
3- Desarrollar la solidaridad proletaria internacional en términos de la política y dinámica concreta del movimiento.

Banderas de lucha obrera

La política que proponemos no es coyuntural sino de largo alcance. Se trata de potenciar un proceso de cambios profundos en México, enmarcados en el concepto múltiple de Revolución. Reanudar el proceso revolucionario, interrumpido violentamente desde 1919 con el asesinato de Zapata, y en 1923 con el asesinato de Flores Magón, implica retomar lo mejor de nuestras propias experiencias en los últimos 100 años, desarrollar las ideas, integrarlas y llevarlas a su concreción en un proceso conciente y organizado.

Para concretar estos objetivos proponemos desarrollar una política clasista orientada a la concreción del Programa Obrero (ver energía62). Este programa no es de una vez y para siempre, en la medida en que avance el movimiento habrá que mejorarlo. Pero el programa es fundamental porque expresa las banderas por las que luchamos.

Construir organización

La lucha del pueblo de México requiere altos niveles de organización en todos los sectores y en todo el territorio nacional. Proponemos, en acciones simultaneas, la organización del Partido de los Trabajadores de México, integrado por militantes dispuestos a desarrollar una lucha con principios, política y organización consecuentes.

Es otra de nuestras propuestas la reorganización democrática del movimiento obrero de México, en 20 grandes sindicatos nacionales de industria en otros tantos sectores de actividad productiva. Estos sindicatos industriales serían la base de la Central (Unica) de Trabajadores de México, estructurada en todo el territorio nacional.

Para rescatar a México de las garras del imperialismo, restablecer la soberanía e independencia, el derecho colectivo social sobre los recursos naturales y patrimonio de la nación, es precisa la lucha organizada de todo el pueblo en un Frente Mexicano de Liberación Nacional, estructurado en todo el territorio de México.

Dinámica concreta

Nuestra lucha requiere de las acciones teóricas, ideológicas, políticas, técnicas y prácticas expresadas en la dinámica concreta, en el accionar decidido democráticamente y llevado a cabo concertadamente, en el espacio-tiempo del saber obrero y de la lucha social. Esto supone superar los métodos atrasados de trabajo político, propiciar junto a la acción cotidiana el fortalecimiento de la conciencia, la formación política de los trabajadores y demás sectores sociales.

Nuestro objetivo es la construcción de una sociedad solidaria. Después de 100 años de lucha obrera, las organizaciones políticas tradicionales han sido incapaces de propiciar cambios sociales profundos. Nosotros, no seríamos la única alternativa ni, tal vez, la última aspiración. Sin embargo, los trabajadores mexicanos necesitamos liberarnos del charrismo sindical, de la dependencia política de estructuras caducas, de la apatía y conservadurismo, y tomar en nuestras propias manos el destino futuro, en México y allende las fronteras.

El mejor homenaje a los huelguistas de Cananea es asumir consecuentemente la lucha obrera clasista, misma que está lejos de ser idílica. En el presente, en muchos aspectos estamos igual o peor que hace un siglo. También hay algunos avances y experiencias. Por eso, es el momento de reiniciar la lucha a fondo, en todos los terrenos, y potenciar la transformación revolucionaria de México.


¡Viva la huelga de Cananea!
¡Vivan Flores Magón, Villa y Zapata!
¡Vivan las luchas obreras!


Frente de Trabajadores de la Energía,
de México



Fuente: FTE de México 2006, energía 6 (75) 2-4, 26 de mayo de 2006.



Marcha del 1 de mayo de 2008 en el Zócalo de la Ciudad de México FOTO: FTE






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Volumen 10, Número 1, enero 1 de 2010


La revolución no ha terminado



Fue interrumpida violentamente en 1919, con el asesinato carrancista de Zapata, después Villa y luego Flores Magón. Cayeron los grandes de la Revolución pero la brecha que abrieron nunca volvió a cerrarse, no se ha cerrado, la Revolución no ha terminado.



¡Viva Zapata!

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Desde que la tierra cayó sobre su cuerpo comenzó la creencia indesarraigable: ¡Zapata no murió en Chinameca, vive! El mito, convertido en leyenda, sigue presente y hasta dicen que se ha visto al Jefe cabalgando en las noches, por las montañas, en su caballo blanco.

“Nostalgia municipal”, dicen los neoliberales, al tiempo que siguen temblando con solo escuchar el nombre de Zapata.

Se trata del símbolo más auténtico de los mexicanos quienes no hemos olvidado el recuerdo y mantenemos la esperanza histórica en el regreso de Quetzalcóatl.

En nuestra época, el regreso de Quetzalcóatl/Kukulcán/Gugumatz lo entendemos en términos del “Comenzar de nuevo”. Zapata no representa a una Revolución que ya pasó sino a una que no ha terminado. El “Comenzar de nuevo” expresa el concepto de revolución ininterrumpida. La de 1908-19 fue traicionada pero, de ningún modo, cancelada.

Hoy, la lucha por la tierra y sus recursos naturales sigue siendo una de las banderas vigentes a enarbolar por el proletariado y pueblos del mundo. Las tierras, las aguas, los bosques, el viento, los mares, los minerales, los energéticos, el espectro radioeléctrico, la biodiversidad y la energía del Sol solo deben ser del dominio colectivo de los pueblos.

Esto se contrapone frontalmente con el imperialismo. Los recursos naturales son el kernel de la autodeterminación de los pueblos y, al mismo tiempo, el kernel del plusvalor capitalista. Defender los recursos naturales es, entonces, parte de la lucha de clases.

La libertad no es una abstracción sino un medio para el desarrollo humano. La libertad implica a la independencia y a la conciencia de clase. Ambas se relacionan mutuamente y se expresan en la independencia de clase.

Necesitamos la libertad para transformar al mundo, practicar la solidaridad e imaginar y construir una sociedad mejor sin explotadores ni explotados. “¡Tierra y Libertad!” fue la bandera enarbolada por Zapata, previamente explicada por Ricardo Flores Magón en términos económicos y políticos. En las actuales condiciones, está vigente la proclama expresada como ¡Tierra, Mar y Libertad!

Conquistas de la Revolución

“La soberanía reside en el pueblo y se ejerce en los campos de batalla”, se escribió en el Manifiesto emitido por la Convención Revolucionaria de Aguascalientes de 1914, luego de haber aprobado el Plan de Ayala propuesto por los zapatistas del Ejército Libertador del Sur.

Algo parecido quedó en la Constitución de 1917, donde se dice:


“ARTICULO 39. LA SOBERANIA NACIONAL RESIDE ESENCIAL Y ORIGINARIAMENTE EN EL PUEBLO. TODO PODER PUBLICO DIMANA DEL PUEBLO Y SE INSTITUYE PARA BENEFICIO DE ESTE. EL PUEBLO TIENE EN TODO TIEMPO EL INALIENABLE DERECHO DE ALTERAR O MODIFICAR LA FORMA DE SU GOBIERNO”.


Por supuesto, lo anterior fue tergiversado de inmediato en el artículo 41, al restringir que “el pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes de la Unión”. Cientos de reformas regresivas posteriores imposibilitan ejercer tal soberanía.

No obstante, la conquista más importante de la Revolución fue el derecho a hacer la Revolución, sin pedir permiso y sin que estuviera en las leyes de la época. Esta es la mejor enseñanza del proceso revolucionario de 1908-19.

La Constitución de 1917 recogió importantes demandas del pueblo mexicano, entre otras, la jornada de 8 horas proclamada por Flores Magón, el derecho a la posesión de la tierra y el derecho de la nación sobre sus energéticos, específicamente el petróleo.

Esta Constitución, sin embargo, tiene una orientación abiertamente capitalista contrariamente a la Revolución (de Flores Magón, Villa y Zapata) que fue anticapitalista; apoya la propiedad privada de los medios de producción e, incluso, de importantes recursos naturales como el agua y los minerales; también, establece la conciliación de clases.

No obstante, esa Constitución expresa un Pacto político de la nación. No se trata solamente de la ley de leyes sino de los acuerdos políticos surgidos de la Revolución.

La expropiación petrolera de 1938 y la nacionalización eléctrica de 1960 representan dos acontecimientos políticos de relevancia en el último siglo. Con ello, se rescató para la nación el domino directo sobre sus energéticos, hecho expresado en los párrafos cuarto y sexto del artículo 27 constitucional. Esto fue ratificado en 1974, cuando propusimos la adición al párrafo cuarto y el nuevo párrafo séptimo al artículo 27 constitucional en materia de minerales radiativos y energía nuclear.

Los párrafos cuarto, sexto y séptimo del artículo 27 constitucional son lo más rescatable de la Constitución de 1917 pero no se respetan. Hoy la legalidad constitucional está rota, los sucesivos gobiernos en turno proceden con base en la legislación secundaria inconstitucional. El sector estatal de la economía ha sido prácticamente liquidado, lo mismo el ejido, sujetos a una severa privatización furtiva.

El Pacto de la nación está roto y fue cambiado por el Pacto entre nuevas mafias políticas. El Ejército porfirista, literalmente destruido por los ejércitos de Villa y Zapata, fue reconstituido desde la década de los 30’s y hoy es explícitamente antinacional, base fundamental del Estado, aparato separado de la sociedad especializado en la opresión y la represión.

La Revolución, interrumpida con el asesinato de Zapata, ha sido traicionada una y otra vez, desde hace décadas se vive en un estado persistente de contrarrevolución. Ahora, el capitalismo, en su fase imperialista, domina plenamente en todas las esferas de la vida nacional en lo económico, social, político y cultural.

En su gran mayoría, el pensamiento de la época corresponde a la visión del capitalismo salvaje caracterizada por el pensamiento plano. Para los políticos, pensadores y creadores sucumbir ante el poder ha sido el camino más cómodo.

Pero aún así, y a pesar de los múltiples intentos oficiales por borrar la historia, los antiguos zapatistas transmitieron en forma lírica a los mexicanos los sentimientos del México de abajo. Otros estudiosos, con su obra, han permitido a las nuevas generaciones comprender mejor nuestro pasado.

Algo importante de la Revolución Mexicana ha sido mantener viva la idea de revolución, y su pertinencia, a pesar de las vicisitudes y retrocesos a nivel mundial. Esa idea no la comparten varios sectores pero no pueden negar su pertinencia. Para otros sectores, es una necesidad.

Pendientes de la Revolución

La justicia social no fue lograda por la Revolución de 1908-19, no podía hacerlo desde el momento en que fue desviada por la vía de asegurar la propiedad privada de los medios de producción. Al seguir un camino capitalista, la desigualdad social inherente se hizo cada vez mayor.

En tales circunstancias, tampoco ha habido planificación del desarrollo. Todo ha servido para la acumulación capitalista concentrada en unas cuantas manos. Un amplio sector estatal de la economía fue desbaratado y, luego, entregado al sector privado. Este se encarga de realizar, incluso, funciones constitucionales estratégicas que estaban a cargo exclusivo del Estado.

Las nacionalizaciones petrolera y eléctrica jamás concluyeron por la ausencia de una política energética independiente y por no haberse integrado el correspondiente proceso de trabajo. En el caso del agua y los minerales la situación ha sido peor porque constitucionalmente se permite otorgar concesiones privadas. En suma, falta considerar como actividades estratégicas a todos los recursos naturales de la nación, así como, a las telecomunicaciones, la banca y las finanzas.

Es necesario, también, reorganizar a la producción con base en la definición de 20 ramas industriales correspondientes a otras tantas actividades económicas.

Aún estamos lejos de ejercer los derechos sociales por la carencia de trabajo, educación, salud, seguridad social, cultura.

Los procesos de trabajo deben reorganizarse para satisfacer necesidades humanas y no solamente privilegiar los procesos de valor traducidos en el lucro y la ganancia privada.

La democracia formal no es la aspiración de la nación mexicana. Necesitamos de formas políticas más desarrolladas.

La Revolución Mexicana impulsó un arte y una ideología mexicanista llamada oficialmente “nacionalismo”. El sentimiento de mexicanidad tiene un valor apreciable pero hace falta trascender ideológicamente al nacionalismo con una cultura solidaria e internacionalista.

De especial importancia es recuperar la independencia de clase, perdida muy tempranamente por el sindicalismo del siglo XX. Tal independencia de clase es necesaria para construir una sociedad solidaria.

Necesidad de otra Revolución

El México de hoy no es el mismo de hace cien años, en algunos aspectos somos mejores, en otros, peores. Ha habido ciertos avances pero tantas han sido las pérdidas que las reformas son necesarias en determinadas circunstancias. ¿Serían convenientes en el México de ahora? Habría que verlo en concreto pero se necesitarían muchísimas para modificar todo lo anterior.

En primera instancia es necesario un nuevo Pacto político de la nación. La legalidad constitucional está rota por el Estado. Este procede con base en la inconstitucionalidad de la legislación secundaria. Por lo demás, todas las leyes mexicanas han sido deliberadamente torcidas por los gobiernos en turno. En México no existe justicia de ningún tipo, la llamada “justicia” se compra por el capital.

La política está corrompida, los partidos políticos y sus legisladores actúan contra la nación. Todo el Estado es partícipe de la corrupción y el mal se ha generalizado.

La política económica seguida por el Estado en favor del capital ha sido incapaz de resolver los acuciantes problemas sociales de la población. Con las privatizaciones generalizadas no existe crecimiento económico, ni empleo ni desarrollo.

En tales circunstancias, el Estado ejerce su característica esencial como instrumento del capital para la opresión de su contrario. La militarización de regiones enteras en casi todo el territorio nacional ha servido solo para matar a delincuentes y a población civil. La represión no cesa y cuenta con la bendición de la cúpula clerical.

Pero, una verdadera revolución no se puede quedar en las reformas inmediatas. La Revolución Mexicana debe avanzar y profundizarse. Eso dependerá de la correlación de fuerzas que ahora nos es desfavorable.

Tampoco podemos quedarnos en la Revolución de hace cien años. Si bien, hay varios aspectos inconclusos y otros que ni siquiera fueron iniciados, en el siglo ha habido experiencias en el mundo que deben valorarse. Nuestra Revolución fue importante en su momento e impactó en otras partes pero no es el mejor ejemplo.

Hoy, con nuevos actores en el escenario de la lucha de clases nos hace falta desarrollar un pensamiento propio. El Estado e imperialismo han obnubilado a la mayoría de pensadores. A pesar de ello, la lucha de clases, negada por cierta intelectualidad, existe y no solo en el discurso.

La revolución, entendida como el cambio de fondo en todos los aspectos de la vida social, económica, política y cultural, es una necesidad. La revolución pone en movimiento a las masas y hace avanzar a los pueblos. La revolución es un proyecto de vida, la contrarrevolución es de muerte.

Hacer la Revolución es organizarla

La revolución no se puede proclamar, su concreción va más allá de la simple aspiración ética. La revolución es un proceso de ruptura y de construcción que se concreta cada día. La revolución no puede estallar a un simple llamado de alguien. Hoy la revolución debe ponerse en marcha y avanzar con base en puntos programáticos.

Es necesario el “programa de transición”. Este programa no es de una vez y para siempre sino para el actual momento. En la medida en que avancemos se hará necesario otro programa.

Todo programa, para concretarse, requiere de la organización social que lo haga posible. Necesitamos una organización nacional estructurada territorialmente. También necesitamos de la práctica política solidaria, de la ética política y de la acción unificada.

En varias ocasiones se han hecho propuestas similares que siguen vigentes porque no las hemos realizado. Entre la “izquierda”, el sectarismo, el canibalismo y el infantilismo han dominado casi todo el siglo.

Ahora, en el centenario de la Revolución, proponemos reanudarla haciéndonos de un ánimo tal que ponga en la discusión nacional los grandes problemas de los mexicanos y sus posibles formas de solución, enmarcadas en un cambio profundo desde abajo, es decir, hay que activar la discusión a fondo sobre la revolución, su pertinencia y necesidad.

En la práctica, la revolución se expresa en acciones concretas porque hacer la revolución es organizarla. En cierto sentido, la revolución ya empezó potenciada por un conjunto de hechos previos, algunos sangrientos, que han venido ampliando la conciencia. Falta desarrollar todas las potencialidades con el accionar de cada mexicano (a) integrados (as) en un mismo proyecto político.


Frente de Trabajadores de la Energía,
de México



Presencia del FTE de México en la casa del Jefe en Anenecuilco, Morelos FOTO: FTE






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Volumen 10, Número 2, enero 2 de 2010


Otro “comenzar de nuevo”



+ Nuestro movimiento sigue adelante en el contexto de la lucha de clases.
+ Cien años de Revolución y doscientos de Independencia nos impulsan.
+ Están vigentes las históricas tareas políticas y banderas de lucha.


Movimiento clasista en el espacio-tiempo

El movimiento, en general, es indestructible e inherente a la materia. No existe movimiento sin materia ni viceversa. Sí existe la transformación de una forma de movimiento (energía) en otra. Esto ocurre en los diversos procesos de la naturaleza y, también, en los procesos de trabajo.

Originalmente, los procesos de trabajo fueron organizados para la satisfacción de necesidades humanas, habiendo sido pervertidos después. La transformación social es consecuencia del movimiento expresado en la actividad socialmente organizada de hombres y mujeres, mediante el trabajo manual e intelectual, la lucha política y social.

La lucha de clases siempre ha sido el motor de la historia. Hoy, la presencia de la fuerza natural, representada por el trabajo, y la fuerza social, representada por el capital, allí están, en la vida cotidiana y en todos los rincones del planeta. Entre ambas fuerzas se sigue librando una contienda diaria que de ningún modo ha concluido.

Esta lucha no solamente ocurre al interior de las fábricas sino en todos los órdenes de la vida social, económica y cultural, pues se trata de una lucha de conjunto a escala planetaria. Qué esa lucha se exprese con mayor claridad o resolución en algunos sectores no la excluye en los demás, pues, no existe en el mundo ningún sector o capa social ajena a la dinámica del sistema social capitalista dominante.

Por ello, la lucha de clases tiene un profundo sentido antimperialista con el deber de “luchar contra el imperialismo dónde quiera que esté”.

Nuestro movimiento tiene importantes fundamentos y raíces, y se desarrolla en un contexto específico, en condiciones concretas de ruptura y de construcción.

“Comenzar de nuevo” significa volver a empezar, con alegría y optimismo, en un contexto cíclico del tiempo, mediante el accionar no-lineal y de acuerdo a la dialéctica. Esto no quiere decir empezar de cero, sino repensar colectivamente el camino ratificándolo o cambiándolo en la perspectiva del avance histórico de la humanidad.

El “Comenzar de nuevo” se basa en la experiencia previa, el conocimiento acumulado, la valoración de triunfos y derrotas, el desarrollo del programa, la actualización de las banderas y la concreción de las tareas políticas de nuestra época.

¡Independencia y libertad!

El pueblo insurgente de México, en la mayor irrupción de las masas posterior a la conquista española, en 1810 puso fin a 300 años de colonialismo.

Siglos de lucha, con multitud de resistencias, muchas veces reprimidas encarnizadamente, hicieron posible que la esclavitud fuera abolida y se lograra la independencia formal de la corona extranjera. Pero no se logró la independencia económica ni política, ni cultural, el Estado que surgió continúo con la opresión.

La autodeterminación del pueblo de México devino en sujeción a los nuevos dueños del capital. El saqueo centenario de minerales se incrementó, Santa Ana entregó más de medio territorio nacional a los Estados Unidos, vendepatrias pretendieron imponer un emperador extranjero, la guerra de conquista contra México continuó por parte de las tropas norteamericanas, inglesas y francesas.

Pronto se impulsaría con fuerza el desarrollo del capitalismo. Los ferrocarriles unieron a las fronteras y las costas con el centro, precisamente, para la exportación de minerales. La manufactura empezó a extenderse por el país.

Un gobierno dictatorial y despótico se empoderó desatando la represión sin límites contra la población.

Al mismo tiempo, las ideas del socialismo de la época fueron conocidas por los círculos obreros más concientes.

Las huelgas obreras de Empalme, Cananea y Río Blanco serían precursoras de la Revolución, bajo la influencia del pensamiento y la acción del magonismo.

¡Tierra y libertad!

¡Tierra! grita la Revolución, escribió Ricardo Flores Magón hace cien años, insistiendo siempre en la organización del partido político y en el programa de lucha. En el campo se había afianzado la burguesía y la ciudad comenzaba a industrializarse. En los campos de batalla, los ejércitos campesinos de Villa y Zapata derrotaron a la burguesía rural, no así a la urbana. En 1914, la batalla de Zacatecas implicó la quiebra militar del Ejército de la dictadura porfirista y, la ocupación de la capital mexicana fue el punto culminante desde el punto de vista político.

En esta nueva irrupción de las masas, la clase obrera de la época no estuvo a la altura de la Revolución Mexicana. No obstante, el Plan de Ayala enarbolado por los zapatistas fue el programa que le dio independencia política al movimiento. La Comuna de Morelos se convirtió en el hecho más trascendente de la Revolución.

En la década de los 30’s, en un nuevo ascenso de masas, la nacionalización ferrocarrilera y expropiación petrolera fueron acontecimientos políticos de gran importancia, potenciados por la lucha del sindicalismo industrial de la época.

Con el auspicio del imperialismo, desde principios de siglo, el movimiento sindical mexicano en general se orientó hacia el colaboracionismo con el Estado perdiendo su independencia de clase. En los 30’s se hizo oficial el corporativismo del sindicalismo con el Estado y se afianzó el charrismo como estrategia para desnaturalizar a las organizaciones obreras.

El charrismo favoreció la represión del Estado que continúa hasta el momento. No obstante, la nacionalización eléctrica vendría a ser la culminación de varias décadas de insurgencia obrera electricista. La represión político-militar al movimiento estudiantil y, luego, a los electricistas democráticos, interrumpieron violentamente la lucha democratizadora.

Después, el Estado mexicano ha seguido una política basada en la expropiación del patrimonio nacional, especialmente, los recursos naturales e infraestructura industrial estratégica. Esto beneficia a muy pocos, principalmente, a banqueros e industriales extranjeros.

El neoliberalismo ha significado un creciente empobrecimiento de la población y de la política, cuya reforma, ha canalizado el descontento a través del Parlamento. Los resultados han sido magros, desalentadores e, incluso, contrarios al interés nacional al haber sido rota la legalidad constitucional.

Cien años después de la Revolución, México es un país de pobres, la lucha de clases es abiertamente favorable al capital, especialmente, transnacional. El proletariado ha alcanzado una considerable fuerza social y, al mismo tiempo, tiene una fuerza política nula. Las fuerzas de la izquierda están disgregadas en una situación de inexistencia política real, mientras el Estado y el capital han militarizado al país, al que siguen saqueando a diario.

La perspectiva nacional es de deterioro, el Estado sigue una práctica política basada en la utilización de las fuerzas armadas para resolver los conflictos sociales, la economía está en declive resultado de la profundidad de la persistente crisis.

En suma, no se vislumbra crecimiento económico ni democracia política. Es previsible que los partidos políticos neoliberales sigan confabulados contra el interés nacional.

Ideas-fuerza programáticas

La situación de la clase obrera mexicana es cada vez peor. Las calamidades alcanzan a otros sectores de la sociedad en vías de proletarización. Amplios grupos de trabajadores son víctimas de la descalificación del trabajo, la pauperización y el desempleo. El trabajo informal se amplía con los ejércitos de reserva y de desecho. Millones de mexicanos han sido expulsados hacia el norte, la juventud de las ciudades emigra y el campo se ha despoblado.

El crimen, apoyado por el Estado, impone el terror, incrementa la inseguridad y favorece el miedo y la doctrina del shock.

La represión social inhibe a la lucha democrática. La situación política se vuelve insoportable pues, los de arriba, siguen sometiendo violentamente a los de abajo y, para éstos, las opciones de todo tipo se reducen. En el medio urbano las condiciones se degradan cada día pero, en las zonas rurales, el abandono ha puesto a muchos mexicanos en situación de sobrevivencia.

¿Qué podemos hacer ante tan cruda situación? México es una nación dividida en clases sociales cuya mayoría somos trabajadores empobrecidos. Sin embargo, ser mayoría no es suficiente para cambiar el estado de cosas.

La clase obrera es fuerte por su número pero, el número no cuenta si no está unido por la organización y guiado por el saber. Esto es, necesitamos de la organización para unir a la mayoría pero, también, de una dirección política clasista. Hoy en México no existe ni lo uno ni lo otro.

Hablar de lucha clasista no es una consigna para los discursos. La lucha clasista significa, ante todo, la independencia de clase. Esta se entiende como la independencia del proletariado respecto del patrón, el charrismo, el Estado, el imperialismo y los partidos políticos estatales.

En México, no existe la independencia de clase y esta es una tragedia que dificulta cohesionar las fuerzas. Son décadas de sometimiento al contrario histórico, el charrismo es la estrategia política del imperialismo que, a lo largo de varias décadas, ha destruido al sindicalismo mexicano. Hoy, la imagen de éste es deplorable y muchos prefieren decirle “adiós” al proletariado, corrompido, viciado e incapaz de ofrecer ninguna alternativa política.

Pero, recuperar la independencia de clase es crucial para los trabajadores y pueblo de México. Eso se expresa en un “Programa de transición” que considere los aspectos fundamentales de la nación. El programa constituye las referencias básicas, las banderas de lucha, el “¿Porqué luchamos?”, los objetivos a lograr en un plazo perentorio.

Las tareas políticas del momento, que el FTE propone a la nación, son:

1- Construir organización social, en todos los lugares y a todos los niveles, coordinada a nivel local, estatal, regional y nacional.

2- Formular, desarrollar y concretar el programa. A tal propósito, reiteramos nuestro Programa Obrero, como propuesta a discusión de la nación.

3- Practicar y desarrollar la solidaridad local, sectorial, nacional e internacional.

Estas tareas forman parte de un proceso de lucha que tiene el objetivo de superar las enormes deficiencias organizativas, políticas, ideológicas y teóricas. Las propuestas del FTE son políticas enmarcadas en la perspectiva histórica de la revolución.

Revolución multidimensional

¿De qué revolución hablamos? De una revolución ininterrumpida en la perspectiva socialista. ¿Cómo se haría? Los trabajadores no excluimos ninguna forma de lucha. Lo que importa es que la revolución sea or-ga-ni-za-da, lo cual supone, que sea apoyada por la mayoría de mexicanos (as) en todo el territorio nacional.

Cualquier forma, incluso la electoral, incierta y vana, necesita de la organización social. Sin ésta no es posible ninguna transformación, menos en el caso de México, donde todos los partidos políticos actúan siempre contra la nación.

Si los partidos políticos estatales incumplen su función elemental, deben ser hechos a un lado, y debemos proceder a formar un partido político propio. No es algo menor, es algo complicado pero necesario.

También necesitamos de una central obrera, formada a partir de la reorganización democrática del movimiento obrero mexicano. ¿Es posible? Debe serlo porque es una necesidad. ¿A qué plazo? Al más breve posible, cuanto antes mejor.

Dadas tan desfavorables condiciones para nuestro movimiento, ¿el pueblo esperará a que nos organicemos? No se trata de organizarnos nosotros sino todos pues, la mayoría del pueblo, no está organizada en nada. Por eso se trata de un “Comenzar de nuevo”, para hacer todo lo que hemos dejado de hacer, y lo hagamos mejor.

Por lo demás, a la revolución no se le puede poner fecha voluntaristamente. Se trata de un proceso objetivo, determinado por condiciones objetivas y subjetivas. ¿Las primeras están dadas? Sí; y, ¿las segundas? En gran medida, también. Pero la voluntad no basta, se necesita de condiciones debidamente or-ga-ni-za-das.

¿Acaso los pueblos deben guiarse por el racionalismo? No necesariamente. Los pueblos hacen su historia guiados por la pasión y la reflexión. Pero, el empirismo, la improvisación, la aventura solamente conducen a desastres mayores.

Decir que “los pueblos son sabios, que nunca se equivocan” es una consigna espontaneísta y burocrática. Hacer la revolución es organizarla, en su expresión conciente, múltiple y multidimensional.


Frente de Trabajadores de la Energía,
de México



Marcha del 2 de octubre de 2008 en la Ciudad de México FOTO: Cazaimagen






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Volumen 10, Número 3, 3 enero de 2010


Superposición del malestar social



+ Los agravios contra la nación se han acumulado en los últimos cien años.
+ Las acciones del Estado oprimen, someten y reprimen a la mayoría.
+ ¿Qué hacer? ¿Esperar un estallido social u organizar la revolución?


Desempleo

Lo peor es encontrase sin trabajo y este es cada vez más escaso. El desempleo nos desorganiza y nos deprime. El capitalismo no puede sobrevivir sin la fuerza de trabajo asalariada aún disponiendo de la tecnología más avanzada y automatizada. Pero esa fuerza de trabajo está sometida a un persistente proceso de descalificación, rechazo y exclusión.

México está formado mayoritariamente por jóvenes, un poco más de la mitad son mujeres, pero solamente la minoría de la llamada Población Económicamente Activa (PEA) tiene trabajo, los demás están en la economía informal (comercio y servicios ambulantes). Muchos profesionistas están desempleados, muchos investigadores fuera de las instituciones, algunos dedicados a las actividades privadas, otros han sido expulsados de su patria.

El campo está prácticamente desolado por la emigración a las ciudades o a los Estados Unidos, en las zonas urbanas aumenta la marginación. En muchos casos, grupos sociales enteros son partícipes del narcotráfico y del crimen.

El trabajo en las fábricas está en caída, en la gran industria domina el contratismo en condiciones laborales precarias, solo una ínfima minoría tiene relaciones laborales “medio” aceptables. En la manufactura, la situación es deprimente, con bajos salarios y sin ninguna protección social. En el sector tecnologizado, la inestabilidad es común sin ninguna garantía laboral.

Con las recurrentes crisis, el desempleo sigue en aumento y ninguna política del Estado tiende a resolver esta situación. En la lógica capitalista no interesa resolver este problema. Al contrario, se necesita de los desempleados para auspiciar la competencia por los puestos de trabajo. Los desempleados siguen siendo un ejército de reserva y, peor aún, se han convertido en un ejército de desecho.

Al capitalismo no le importa el desarrollo humano ni el deterioro de la mayoría de adultos, jóvenes o niños.

Las políticas del Estado no indican ninguna mejora próxima, menos en el contexto de una crisis persistente.

El desempleo genera malestar social, pobreza económica, física y mental, degradando al conjunto de la sociedad.

La situación en México es alarmante, la gran mayoría somos pobres y una alta proporción se encuentra en pobreza extrema. Eso nos deshumaniza.

Inseguridad

En la apariencia no pasa nada pero en todas partes se vive en la zozobra y el miedo. Los mexicanos vivimos en estado de shock. El Estado es el principal promotor de la violencia, los medios la magnifican y el crimen organizado la practica.

El miedo principal es a la policía y a los soldados junto con el aparato burocrático judicial. La Procuraduría General de la República, las estatales y Ministerios Públicos son instancias que lejos de procurar justicia ejercen la violencia contra la sociedad.

El Estado está en su papel de administrador de la violencia y esta se ejerce de múltiples formas. Una parte es la violencia callejera, otra es auspiciada por los aparatos de coerción y, una más, en los mismos centros de trabajo.

La inseguridad social atenta todos los días contra muchos mexicanos. Las reformas legislativas regresivas han afectado los derechos sociales, haciendo cada vez más calamitoso el futuro posterior a la edad laboral y el presente ensombrecido por el desempleo.

Para impedir la protesta, los cuerpos policiales especializados están siendo reforzados incrementando el espionaje contra la sociedad.

Crimen

La inseguridad está relacionada con el crimen y este existe porque el Estado lo apoya. En años recientes, las fuerzas militares (ejército y marina) han venido siendo utilizadas en labores que no les son propias. Para combatir al narcotráfico, se han desplegado contingentes militares en estados y regiones enteras produciéndose enfrentamientos sangrientos. Todos los días hay asesinatos.

Las víctimas no han sido solamente los delincuentes sino la población civil. Allanamientos unilaterales de morada, desapariciones y violación a los derechos humanos se han vuelto comunes; las mayores denuncias son contra los soldados.

En México existe un virtual estado de guerra, filmado en vivo y en directo por la televisión privada. De uno y otro lado hay caídos en alarmantes exhibiciones armadas. No solamente han caído integrantes de carteles sino diversos funcionarios gubernamentales.

La sociedad mexicana está indefensa, en algunos casos cautiva de los cárteles y siempre amenazada por la fuerza pública. La narco-guerra es parte de la doctrina del choque y pretexto para criminalizar la protesta social.

Parte de los crímenes son políticos afectando especialmente a los defensores de los recursos naturales y del medio ambiente, así como, a las comunidades étnicas.

Antidemocracia

En todos los sectores del Estado domina la corrupción y la impunidad. La corrupción es política y económica. En este último caso, los gobiernos en turno han entregado el patrimonio nacional a las corporaciones transnacionales. En la minería, el agua, el petróleo y la energía eléctrica, miles de concesiones y permisos privados se han otorgado discrecionalmente por el Estado, en las plataformas terrestre y marina.

El proceso desnacionalizador de los recursos naturales y patrimonio industrial se lleva a cabo a través de la legislación secundaria inconstitucional, aprobada y ratificada por todos los partidos políticos que han devenido en corporaciones corruptas.

Los legisladores se han tomado la atribución de traicionar a la nación de manera reiterada y permanente. El poder ejecutivo promueve la corrupción política y el poder judicial la avala sin darse siquiera por enterado o tomar nota de la situación.

Todo esto se traduce en la antidemocracia que se reproduce a todos los niveles del Estado e incluye a empresarios y charros sindicales.

El invento del PRI para canalizar el descontento social por la vía del Parlamento le ha servido al Estado para mantener el control social significando un retroceso en la vida nacional.

Exclusión

En tal estado de pobreza económica y política, los mexicanos estamos socialmente excluidos. El Estado es inherentemente excluyente y no hay manera de transformar la situación intentándolo desde “adentro”. Los trabajadores, los pobres, los marginados, jamás seremos incluidos por este Estado.

La única opción por la vía estatal es el sometimiento de todos.

El malestar social, en sus diversas formas, se ha venido incrementando en México. La tensión está en aumento. Cada vez es mayor la presión configurándose condiciones críticas. Obviamente, el malestar no es reciente ni basta por sí solo para cambiar la situación. Pero, dependiendo de su expresión política podría haber diversos escenarios posibles.

Estallido social

Personajes oficialistas y/u oficiosos declaran frecuentemente a los medios sus “advertencias” respecto a un posible estallido social. Los políticos y/o empresarios no quieren tal estallido y hacen lo que pueden por evitarlo, mediante el charrismo, la explotación y el control social..

¿El estallido social es una amenaza? ¿Para quién? En las actuales condiciones, hay lugares y sectores con firme resolución, sobre todo cuando ya no hay mucho que perder pues las pérdidas han sido enormes.

¿Cómo ocurriría ese estallido? Una manera es provocándolo y, para ello, el Estado e imperialismo son expertos profesionales en la infiltración social. Otra forma, sería mediante acciones espontáneas, improvisadas y voluntaristas.

¿El Estado tiene miedo a un estallido social? NO, evidentemente. En cualquier caso, está preparado para la represión.

Hablar de un “estallido” implica rendirle culto al espontaneísmo pues se trataría de acciones unilaterales, desorganizadas y sin perspectiva política.

En la presente época, la protesta contestataria es insuficiente, los métodos primitivos de trabajo político no le hacen mella al imperialismo, el Pentágono está preparado para sofocar la revuelta.

La revolución: qué hacer cuántico

¿Cómo enfrentar, entonces, la violencia del Estado? ¿La respuesta debe ser necesariamente violenta? En principio, no; el objetivo social no es matar. ¿Entonces, cómo hacer entender al Estado que debe cambiar su proceder? Tampoco hay manera de hacerlo entender “por las buenas”, se necesita de la fuerza socialmente organizada.

He allí, la característica de las alternativas independientes y clasistas. Lo que está ocurriendo en México es la superposición del malestar social. Esta superposición implica un malestar creciente cada vez, es el reforzamiento del enojo que, sin embargo, no se traduce aún en respuestas de protestas organizadas.

Precisamente, de lo que se trata es de organizar el descontento social en una superposición de acciones basadas en un proyecto político con independencia de clase.

La superposición del malestar y la superposición de la protesta deben canalizarse en la perspectiva de una revolución la cual no ocurre espontáneamente ni puede basarse en el empirismo. Se necesita de un proyecto político enmarcado en el programa y en la práctica política coordinada a nivel nacional e internacional.

Hacer la revolución significa organizarla debidamente. Hacer cristalizar este proyecto implica dar un salto cuántico, cualitativa y cuantitativamente, y en varias dimensiones. A esto no está acostumbrada la “izquierda” cuya inexistencia política es real desde hace décadas. La “izquierda” oficialista ni siquiera está interesada, sus objetivos son electorales, coyunturales y, si acaso, orientados a administrar corruptamente el descontento social.

La sola idea de revolución, entonces, implica un serio desafió: hay que reconstruir a la izquierda, desde abajo y desde el movimiento social, al margen de los partidos políticos oficialistas.



1 de mayo de 2010 FOTO: Cazaimagen



Debate popular contra la reforma energética neoliberal, 2008 FOTO: FTE



Hacer del malestar social una superposición cuántica de protesta FOTO: FTE


Frente de Trabajadores de la Energía,
de México






Boletín del FRENTE DE TRABAJADORES DE LA ENERGIA de MEXICO
Organización obrera afiliada a la
FEDERACION SINDICAL MUNDIAL
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Volumen 10, Número 4, enero 4 de 2010


Hacer la revolución es organizarla



+ La revolución es una necesidad histórica y social cuya pertinencia está vigente.
+ Necesitamos de una revolución ininterrumpida, múltiple y multidimensional.
+ Todos a activar en todas partes a la organización con independencia de clase.


¿Porqué la revolución?

¿Por ocurrencia, moda, buenos deseos o simple aspiración ética? ¡No! Esencialmente, por necesidad. Por años hemos esperado cambios, reformas, mejoras y ... nada. Hace un siglo, los mexicanos de la época hicieron una revolución que fue traicionada, interrumpida, incumpliendo los anhelos de las masas levantadas en armas. Peor aún, los retrocesos han sido reiterados negando día a día los derechos sociales.

La Constitución de 1917 representó un Pacto político que ha sido roto por el Estado. Esa Constitución nunca cubrió las expectativas. Lo peor es que la “legalidad constitucional” no se ha respetado, el Estado y gobiernos en turno la han roto.

México no es un país de leyes, la práctica política del Estado se basa en la legislación secundaria y terciaria, ambas anticonstitucionales. Con esa base, los gobiernos han entregado al capital extranjero: territorio, mar, recursos naturales, espectro radioeléctrico, industria básica, banca y patrimonio cultural.

El país en su conjunto se encuentra en un caos dominado por el empresariado extranjero y la burguesía nacional dependiente. En México no hay crecimiento económico ni justicia social. Hay desempleo, marginación, exclusión, enfermedades y hambre. También existe represión, las fuerzas de coerción del estado (ejército, marina, policías) cada día están más activas y en las calles de poblaciones enteras.

La política nacional estatal es una simulación, el pueblo está al margen de las grandes decisiones nacionales. Los medios de comunicación rigen la vida de la población tergiversando la realidad. La corrupción corroe a todas las esferas estatales, políticas, empresariales y sindicales.

Es evidente que no debemos seguir agachados soportando pasivamente y en silencio la opresión.

Las condiciones de la revolución

Para los trabajadores la situación ha sido calamitosa desde que existe el capitalismo. El diagnóstico pesimista no es de ahora pero las condiciones van empeorando. Para ciertas capas de la pequeña burguesía, empresarios y comerciantes pareciera que “todo está bien”, no hay de qué alarmarse. A pesar de la crisis, para el capital industrial y financiero, la coyuntura es de ganancias. Pero, esas capas, representan solamente a la minoría de la sociedad, para la mayoría la situación es muy diferente.

Las crisis persistentes e irresueltas del capitalismo siempre son pagadas por los de abajo y nada indica que la actual será la última. Vendrán otras peores, eso es previsible. Además, el imperialismo también lo sabe y tomará medidas para seguir sosteniéndose.

Pero, de nuestro lado también habrá que tomar medidas. El capitalismo está en crisis se ha repetido innumerables veces, más aún, en su “fase terminal”, declaran algunos. Sin embargo, sigue vigente la cuestión: ¿el capitalismo se derrumbará solo o se necesita de una revolución?

El hecho es que el imperialismo ha tomado posiciones políticas en prácticamente todo el mundo para evitar revoluciones. En el siglo que ha pasado, logró la caída del socialismo en Europa, sueño largamente acariciado. Eso no fue solamente “mérito” del imperialismo sino, al mismo tiempo, por el abandono interno de la revolución.

Hoy, existen algunos avances sociales, principalmente en América del Sur pero no es precisamente un momento revolucionario. Sin embargo, ni la intervención contra revolucionaria del imperialismo, ni la debilidad política de su contrario histórico, ha anulado la necesidad de la revolución. Mientras exista lucha de clases, misma que está vigente en todo el planeta, la idea de revolución es pertinente para la humanidad habida cuenta que el capitalismo no es ni puede ser su destino inevitable.

¿Qué tipo de revolución?

Necesitamos una revolución anticapitalista, democrática y de liberación nacional, esto es, una revolución antimperialista y popular.

La revolución es contra el capital y se define respecto a la propiedad de los medios de producción y los recursos naturales. Es nuestra tesis que las tierras, las aguas, los mares, el viento, los minerales, los energéticos, el espectro radioeléctrico, la biodiversidad, la industria estratégica, la banca y las finanzas solo pueden ser de propiedad colectiva, jamás privada.

La revolución solo puede ser verdadera con la participación activa y decidida de los mexicanos. Esto plantea formas democráticas distintas al Parlamento. Se requiere de la acción directa y la intervención colectiva en la toma de decisiones. Entre estas, llegado el momento, habrá que decidir respecto de una nueva Constitución. Para ello, es preciso organizar las fuerzas en todo el territorio nacional. Las formas organizativas, precisamente, son parte de la práctica democrática.

Proponemos la formación de Consejos obreros y populares, Consejos de pueblos y frentes independientes en todo el territorio con una estructura local, estatal, regional y nacional.

La participación organizada de la población, a todos los niveles, es la garantía para concretar los cambios de fondo que requiere la nación. Por ello la revolución debe ser popular (no populista).

Al definirse con relación a la propiedad, la revolución que necesitamos tiene un claro carácter antimperialista. Y, es de liberación nacional, en tanto se requiere de la revolución para ser libres y ejercer esa libertad con independencia de clase, en primer lugar del imperialismo pero, también, de todas las estructuras corporativas de opresión política y económica.

¿Cuántas revoluciones?

Si el imperialismo se mueve políticamente en el terreno de la contra revolución, en el plano ideológico ha hecho todo lo posible por desacreditar al socialismo tratando de eliminarlo de las intenciones de los pueblos, del estudio, de la memoria y de la historia. Existen sectores en el mundo que renunciaron ya al socialismo y, otros, que tienen odio hacia el mismo. En la tergiversación dictatorial, los gobiernos conservadores en Europa han impuesto legislaciones que equiparan al fascismo con el comunismo y sancionan a ambos.

En tal escenario, hay sectores proclives al anticomunismo y, otros, profundamente ignorantes. El resultado es el dominio del pensamiento plano pro yanki.

En tales condiciones, la Revolución Mexicana ha ser múltiple y multidimensional. Somos partidarios del concepto de revolución ininterrumpida, diferente a la revolución “por etapas”. Que habrá fases es inherente al proceso social. Dadas las circunstancias específicas, en México hacen falta reformas democráticas, es necesario re-nacionalizar a los recursos naturales y al patrimonio colectivo de la nación.

Esa fase “nacionalista” no corresponde al discurso demagógico del PRI ni a las políticas derechistas de algunos gobiernos, sino que, se define con base en la propiedad colectiva de los sectores productivos estratégicos.

Pero el “nacionalismo” no es la aspiración de la clase obrera. No obstante, la revolución tendrá esa fase que puede ser tan larga o tan corta, estancarse o retroceder, dependiendo de que tan rápido o tan lento se modifique la correlación de fuerzas. En la medida en que la clase obrera, constituida como tal, logremos avanzar en esa misma medida lo hará la revolución y tomará una perspectiva superior, necesariamente socialista.

El concepto múltiple de revolución significa que no habría una sino varias revoluciones. Una será económica, sobre la base de la propiedad colectiva de los medios de producción y recursos naturales, lo que implica nuevas relaciones de producción, con objetivos orientados a la satisfacción de las necesidades humanas y el bienestar social, no para el lucro o la ganancia.

Las actividades productivas fundamentales serán consideradas estratégicas y se redefinirán a nivel nacional, integrando los correspondientes procesos de trabajo, bajo el control obrero de la producción.

Otra revolución será la política mediante la toma de decisiones colectivas, a todos los niveles y en todos los lugares. Las decisiones a tomar no serían para simples votaciones sino programáticas. La democracia formal es muy limitada, hacen falta formas nuevas que incorporen a las masas a la dirección de la sociedad en su conjunto.

La revolución necesita de su componente conciente que implica la lucha teórica. En tal sentido, la revolución también es cultural. Desarrollar la conciencia, hasta alcanzar la conciencia de clase, no es trivial pero lograrlo es crucial no solamente para hacer posible a la revolución sino para defenderla en cualquier circunstancia.

La revolución es multidimensional porque se plantea lograr una fuerza política mayoritaria, cuyo número pese en la balanza porque, al mismo tiempo, esté unida por la organización y guiada por el saber.

La unidad es política y se expresa orgánicamente. El saber implica a una dirección política, actualmente inexistente, que debe ser forjada desde el interior del movimiento. Por dirección política no debe entenderse a un “líder” sino a una dirección colectiva con autoridad moral y política.

¿Cómo organizarla?

La organización y la dirección política deben mantener la independencia de clase y proceder dialécticamente para convertir a la cantidad en calidad, elevar la conciencia de las masas y vencer al contrario en todos los planos de la contienda.

La organización, como un medio para concretar el programa, no se limita a opinar sino a tomar decisiones y ejercer acciones concretas. La discusión colectiva es necesaria y para ello se propone el funcionamiento regular de asambleas generales.

Entre las decisiones fundamentales están las de dirección social. El movimiento no se puede reducir a la gestoría ni a la administración, es preciso tomar medidas políticas. Esto se expresará en la dualidad de poderes a nivel municipal, estatal y nacional.

De acuerdo al avance del movimiento, habrá un momento habrá que decidir sobre la política a seguir, misma que se llevará a la práctica por el propio pueblo.

Para llegar a la dualidad de poderes debemos empezar por lo primero: organizarnos en “algo”, nadie debe actuar individualistamente sino integrado a alguna organización. Segundo, ninguna organización debe aislarse sino coordinarse a todos los niveles. Tercero, todas las organizaciones deben tener estructura. Una organización sin estructura no es organización y una estructura no organizada simplemente no existe ni en la naturaleza ni en la sociedad.

En todas las organizaciones debemos llevar adelante una intensa y permanente discusión sobre las tareas de la revolución en sus aspectos políticos, organizativos y prácticos. El conjunto de organizaciones confluiríamos a nivel nacional en el Frente Mexicano de Liberación Nacional (FMX), siendo de especial importancia la política internacional solidaria.

¿Cuándo y dónde?

Ahora mismo, en cualquier parte dónde haya mexicanos (as), en México y en el extranjero. Lo único que se necesita es decidirse y pasar a la acción. El momento político es de definición. Hay que tomar decisiones propias, articular las demandas, promover la movilización, auspiciar la participación política y sostenerse solidariamente en cualquier circunstancia.

Enarbolar el Programa

La revolución se caracteriza por la acción organizada de las masas y por sus banderas políticas. El programa de transición es lo que debemos enarbolar en cada fase. El FTE reitera su Programa Obrero (ver energía 62) mismo que ponemos a discusión de la nación.

Formular, desarrollar y concretar el programa es una de nuestras grandes tareas políticas. Por ello, debe ser apoyado por todos, en su momento revisado y actualizado e, incluso, cambiado por otro mejor.

La revolución múltiple y multidimensional es un proceso conciente que no se hace en un día o dos, cristalizará cuando hayamos realizado exitosamente nuestras tareas políticas y vencido al contrario en todos sus términos. Por ello decimos que, hacer la revolución es organizarla.

¡Venceremos!

Frente de Trabajadores de la Energía,
de México



Enarbolar un programa y una política con independencia de clase FOTO: FTE



EL FTE en la fundación de la UIS de la Energía, México 2007 FOTO: FTE



EL FTE en la fundación de la UIS del Metal, País Vasco 2008 FOTO: FTE





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